PERSONAJES
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Dos ideologías, el mismo antecedente

UN INTERESANTE Y COMPLETO REPASO DE LAS TRAYECTORIAS DE DE TABARÉ VÁZQUEZ, QUIEN PASÓ DE TITULAR DEL CLUB PROGRESO A PRESIDENTE URUGUAYO, Y SILVIO BERLUSCONI, EL EMPRESARIO DUEÑO DEL MILAN QUE LLEGÓ A SER PRIMER MINISTRO ITALIANO.

La primera vista exige, en este caso, por lo menos una segunda mirada. De lo contrario, se correría el riesgo de no saber si los personajes son tan iguales o tan distintos. Del fútbol a la política como bastión de poder, ambos han sabido ganar el podio. Lo que no los asemeja son las ideas, separadas por un océano. La frase es literal, pero tiene aún más de metáfora.
Del uruguayo club Progreso, humilde y postergado, alcanzó su militada popularidad Tabaré Vázquez. En cambio, Silvio Berlusconi llevó al Milan supercampeón de Europa de los 90 sus fórmulas de éxito empresarial, tan personalistas como altaneras, hasta convertirse en Primer Ministro de Italia.

LOS CAMINOS

Un breve repaso nos instala en Montevideo de mediados de los años ´50. Murga, barriada y pelotazos forjaron a Tabaré de muchacho, hasta que su rol de líder lo impulsó a fundar el club Arbolito. Allí había fútbol, de a ratos. Y nunca se abandonaba el espíritu social, refrendado en un merendero que todavía da de comer a chicos de la zona. Si en Arbolito fue donde echó raíces, fue Progreso el club desde donde Vázquez se lanzó a ocupar sitios más próximos a la estructura política, aunque más distante de la coyuntura futbolera.

“Se puede. Progreso campeón y Tabaré intendente”, se desafiaba desde pintadas en paredes montevideanas, en 1989, emparentando una eventual victoria socialista con el logro de un Progreso sin figuras, conseguido ese mismo año. De vicepresidente electo en 1978 y máximo dirigente desde el año siguiente, Tabaré condujo a su equipo al ascenso de la B a la A y vio consagrarse por única vez en su historia el club del barrio obrero La Teja, posición que le dio pase a la Copa Libertadores.
Lejos de los tamboriles y la bohemia, Berlusconi no disimuló sus pretensiones. Con retórica de eficiencia y calculada especulación se acodó entre el establishment del fútbol a partir del 24 de marzo de 1986. El Milan de los holandeses Ruud Gullit, Marco Van Basten y Frank Rijkaard fue el equipo estelar que su presidente imaginó a un año de su llegada. Más tarde, las posteriores conquistas deportivas fueron paseadas, ostentosas, por el magnate italiano entre sus plataformas políticas.
Con el acuño de su frase “salgo al campo”, hizo pública la fundación de su propio partido, “Forza Italia”. Y la idea de construir un “sueño italiano” fue un intento por instalar la sensación de déjà vu manifiesta con el exitoso Milan. Con la obviedad conveniente de no aclarar jamás que la deuda del club del cual aún es dueño, era al momento de su ascenso al tablado político de 230 millones de euros. Con frases practicadas y efectivas en la recepción electoral, se erigió en Primer Ministro en junio de 2001.

LAS METAS

Del emporio televisivo y las luces enfocadas a su figura de presidente del Milan, Berlusconi ganó no sólo el centro de la escena política. Durante su mandato triplicó su fortuna, la cual, según la revista Forbes, en 2005 alcanzaba los 12 mil millones de dólares. Sin embargo, siendo uno de los veinticinco hombres más ricos del mundo, necesitó valerse del fútbol para sentarse en la silla más preciada de Italia.
Previo a la reciente disputa de la final entre Milan y Liverpool, por la Copa de Campeones, se refirió en la publicación española Metro a la tríada que lo proyectó al centro de la acción: “He llevado el carácter, el optimismo y la innovación típicas del mundo empresarial a terrenos muy alejados de la empresa tradicional”, señaló al repasar sus métodos aplicados al fútbol, primero, y después a la política.
Tabaré, en tanto, juntó prestigio como oncólogo de Uruguay, aunque fue su reconocida capacidad dirigencial en Progreso la que lo arrimó a los más altos cargos políticos de su país. Podrá anotar en su autobiografía que fue quien condujo al éxito al club de su indicado lugar en el mundo, en una liga donde se impone la bipolaridad entre Peñarol y Nacional. Y fue, también, el que al mando del Frente Amplio rompió con el bipartidismo de blancos y colorados para que allí, por primera vez, gobernara la izquierda. 
Menos enarbolado se lo asume hoy a Berlusconi, que cayó en las elecciones de 2006, volvió al amparo del Milan, y mientras se defiende de las acusaciones de corrupción, espera que su equipo le devuelva, en cancha, el prestigio que él perdió en las áreas grandes del poder.

MARCELO RODRIGUEZ

 

 

 

VIDAS OPUESTAS

El ADN político de ambos no es compatible. De centro izquierda se define Tabaré Vázquez. Berlusconi, en tanto, no duda en mostrar un perfil empresarial que, según suele comentar, lo acompaña en sus incursiones deportivas y políticas.
Nacido en el barrio La Teja de Montevideo, el actual presidente de Uruguay cuenta con un pasado ligado a la medicina. Oncólogo de profesión y futbolero por vocación, cuentan sus amigos que este hombre de 67 años fue el héroe de un lugar donde no sobraban los triunfos. “El día que se recibió, todos los muchachos del barrio nos subimos a un camión para ir al hospital. Presenciamos el examen como si fuera un partido de fútbol. Él se daba vuelta y nos hacía gestos con la mano, para que nos calmáramos. Pero cuando terminó, levantó la libreta como un trofeo y lo sacamos en andas. Lo paseamos en el camión por todo el barrio. Imagínese: uno de nosotros, con título de doctor”, le contó su amigo Daniel Marsicano a la revista Surcos en América Latina.
Berlusconi también supo andar con pie de obrero. De joven fue vendedor de aspiradoras y hasta tocó el piano y cantó a bordo de cruceros, con el fin de juntar dinero para poder estudiar. Hasta que en abril de 1961 tomó un préstamo del banco en el que trabajaba su padre y fundó Edilnord, la piedra de toque de su ascenso empresarial. De ahí a ser el hombre más rico de Italia forjó un trayecto donde los monopolios y las sospechas se hicieron moneda corriente.
Sus posesiones de medios audiovisuales comenzaron a vislumbrarse como un imperio en la década del ´80, cuando creó Canale 5, el primer canal italiano a nivel nacional alternativo a la RAI. Luego tomó los lugares de los canales Italia Uno y Retequattro. Al gran monstruo empresarial le crecieron patas al incorporarse el diario II Giornale y los semanarios Sorrisi y Canzoni TV.
Sus últimas adquisiciones fueron la cadena de tiendas de video Blockbuster, portales de acceso a Internet y, de yapa, Berlusconi sumó una participación en Olivetti. Todo a la cuenta de su conglomerado Fininvest, ahora Mediaset. Y las firmas siguen.
Sgún las lenguas mejores informadas, controla un tercio del sector editorial en Italia. Acusado de corrupción en su mandato y de turbios traspasos empresariales, este rejuvenecido hombre de 71 años siempre se mostró amigo del juez para aventar los dedos acusadores. Lo que más quiso, también lo consiguió: al cabo fue Primer Ministro entre 2001 y 2006.
Tabaré fue presidente recién en su tercer intento, luego de perder en las elecciones de 1994 y 1999. Pero antes fue intendente de Montevideo. Tampoco quedó ajeno a la salpicada de indicios de corruptela. “Podemos meter el pie hasta el tobillo pero nunca la mano en el bolsillo”, se defendió siempre el mandatario uruguayo.

 

 


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