Olympus podría ser catalogado como un caso testigo de la situación vivida por los gimnasios en la última década. Nacido en el ocaso de la convertibilidad, pasó por una etapa en que fue alquilado por un club social -San Lorenzo- y retornó en el 2003 con distintas reglas de juego. Fabián Djelardini, su gerente, analiza su exitoso momento y, fundamentalmente, la situación actual de los gimnasios de barrio.
Enclavado en pleno barrio de Caballito, Olympus se ha convertido en un referente destacado de los gimnasios barriales, por los diferentes andariveles transitados durante su gestión. Nacido en abril de 1998, en pleno declive de la convertibilidad y con una alarmante recesión en todo el país en general y en la clase media porteña en particular, se encontró con una situación en que el público pensaba más en la supervivencia económica que en las reales bondades de la práctica de la actividad física. Fabián Djelardini, su gerente, comenta que “nacimos con el nombre de Egeo, y teníamos solamente una pileta de natación y vestuarios, mientras que un año más tarde hicimos el gimnasio del primer piso. Pero carecíamos de toda la parte de musculación, porque nos quedó corto el presupuesto y esa era la pata que nos faltaba en un momento difícil en que las cadenas cobraban 40 pesos de cuota, mientras nosotros arrancábamos con una de 60. Nos mantuvimos hasta el año 2000 cuando llegó la gente de San Lorenzo con la propuesta de agregarle a la propiedad la parte de musculación y hacerse cargo del lugar, arreglamos un alquiler, se lo dimos en concesión y el local pasó a ser administrado por la entidad azulgrana. Después de tres años, otra vez volvió a cambiar el país y ellos decidieron que no era más negocio explotar este tipo de lugares y se produjo nuestro regreso, ya con el nombre de Olympus”.
A pesar de la extinción del vínculo con San Lorenzo, Djelardini no considera que la gestión de gimnasios por clubes sociales sea un modelo perimido. Por el contrario, asegura que “fue un error que San Lorenzo no haya seguido con esa gestión. Esa política para los clubes, manejada a nivel empresa, hubiera optimizado el servicio. Creo que el abrirse los clubes tradicionales a distintos barrios, haría que mucha más gente se hiciera socia de ellos. Pasa con Independiente y Racing, que tienen sedes en Flores y Villa del Parque respectivamente y eso les incrementa el caudal social. En su momento hubo un estudio que determinaba que en el barrio había mucha presencia de hinchas de San Lorenzo, y por eso les interesó esta sede en Caballito. Acá se vendían entradas para los partidos, se pagaban las cuotas sociales, y eso hacía que hubiera un movimiento masivo de gente, con sus cosas buenas, pero con problemas el día de venta de localidades para partidos importantes”.
Volver a empezar
A su regreso al gimnasio en marzo de 2003, y ya como Olympus, la situación general del país era bien distinta al comienzo del milenio. Fabián Djelardini recuerda que “ya no había convertibilidad, y encima la gente no estaba muy conforme con la forma y las condiciones en que se encontraba el lugar. Nos costó bastante remontar la relación con los clientes, pero de a poco fuimos haciendo cosas, hablando con ellos y teniendo mucha presencia, que es algo fundamental porque la gente tiene que tener un referente al que dirigirse”. Reconoce el gerente de Olympus que en este rubro “hay que estar, porque es la única manera que existe para que el lugar funcione bien, pues es un sector en que todo el tiempo pasan cosas, muchas máquinas, mucha gente dando vueltas, y siempre con un arreglo o algo para hacer. “Hace cuatro años”, se retrotrae Djelardini, “al lugar le faltaba mucha inversión y especialmente mucho orden, pues no había un buen manejo del personal, que no estaba muy conforme por ello y las tareas no se cumplían como correspondía. Nosotros llegamos y hablamos con todos, los que conocíamos y los que no, y una gran parte de ellos aún hoy sigue trabajando con nosotros. En este momento tenemos 12 empleados como personal fijo, pero si sumamos a los profesores, hay un total de 65 personas que están con nosotros”, destaca y continúa, “lo primero que hicimos en su momento, fue comunicar el cambio de gestión, aprovechando una muy buena base de datos que había, y mandamos una mensajería importante a los clientes que seguían y a los que se habían ido. Siempre, desde que reabrimos, tuvimos la idea que la mejor publicidad es brindar un buen servicio y que la persona que viene, se sienta conforme con el lugar en el que está, ya que es ella misma la que nos va a recomendar”. Concluye además que “la situación estaba bastante difícil en el 2003, con unos 800 socios, los que logramos subir al día de hoy a 1400. El incremento del número fue sustancial desde el 2003, creciendo sostenidamente hasta el 2006 en el que se estancó un poco, lo mismo que este año. Aunque en realidad ya no tenemos mucho más margen para crecer por infraestructura y a eso apuntan los planes que tenemos para expandirnos, que a veces nos resultan muy difíciles porque las trabas que hay para construir son muy importantes”.
Trato directo
En una coyuntura como la actual en que las grandes cadenas se posicionan como sólidas alternativas, la subsistencia de los gimnasios de barrio se basa en parámetros diferentes a los de aquellas. Djelardini asegura que “lo fundamental que ofrecemos para que nos elijan es el trato, para nosotros los clientes no son un número y tenemos relación directa con todos. El no tener un volumen de gente como las cadenas, ayuda a que el trato sea mucho más personal. Nuestro público está integrado por personas de muy buen nivel social y no tenemos demasiado caudal de gente joven, pues apuntamos a un público mucho más familiar, a diferencia de las cadenas que además apuntan al marketing, la venta de ropa y la imagen, cosas a las que nosotros no nos dedicamos”. La cuestión de los profesores no es un tema menor cuando se trata de enseñar, especialmente a los más chicos. El gerente de Olympus recalca que eligen “profesores nacionales de Educación Física por una cuestión sencilla: ellos tienen una materia que es didáctica y en este rubro lo fundamental es el trato con la gente, el acercarse al cliente y el preguntarle qué es lo que necesita y explicarle bien. Hemos tenido colegios que alquilaban espacios y que los mismos padres los sacaban a sus hijos para traerlos a nuestras clases de natación por la importancia que le damos a la recreación”.
Sobre costos y aumentos
El tema del momento en los gimnasios es el de los fuertes incrementos en diferentes costos y su eventual traslado a los precios a abonar por los clientes. Fabián Djelardini sostiene que “estamos en una etapa de revisión de la cuota pues hay que incrementarla en un período no muy lejano. La cuota promedio, con débito automático y por un año, está en 65 pesos. Nos hemos quedado un poco desfasados con respecto a lo que son los valores de las cadenas, que estimo que también deben estar por aumentar. Necesitaríamos incrementar alrededor de un 20%, y aunque los saltos grandes en precios son complicados, no produciría una merma en los socios, porque la gente entiende que las cosas cambian, los costos laborales suben, los impuestos también, y más aún en un sector en el que los servicios han aumentado sideralmente. También estamos con el tema de los cortes de luz y gas, otro tema muy delicado e injusto, aunque de momento no los hemos tenido, pero hemos hecho un esfuerzo muy grande en cambiar un equipo de calefacción porque por la poca presión de gas que venía, no era suficiente para calentar el ambiente”, enfatiza y aclara que “esos gastos de renovación de equipamiento, inciden sustancialmente en los costos. Todo lo que es hierro, cintas, bicicletas han aumentado en cuatro años no menos del doble, inclusive hay cosas que en valor dólar han subido un 70%. Por ejemplo, si antes una bicicleta estaba 400 dólares, hoy está 700. En cuatro años nosotros aumentamos la cuota un 30%, mientras que el equipamiento, los servicios y los salarios han subido un 100% y eso que tenemos una ventaja fundamental para sostener esto y es que no pagamos alquiler, pues el valor de los contratos en este rubro se han disparado a niveles astronómicos, y es por eso que no se ven nuevos gimnasios, porque este tema es un condicionante para este sector”.
Concientizar a la gente
Para finalizar, Djelardini toca otro tema crucial en este sector, que es la motivación para que la gente realice algún deporte. En ese sentido, señala que “el rubro debe seguir creciendo y la cámara debería tener una acción mucho más directa con el gobierno para que se diseñe una política para que la gente haga actividad física, pues ni siquiera el 3% de la población la hace, cuando el médico es el primero que recomienda esa práctica. Hace ocho años, nos juntamos con un grupo de colegas que teníamos pileta y nos planteamos hacer una campaña publicitaria en la TV y en la vía pública, que se iba a solventar entre todos nosotros y con un número 0-800 para que la gente haga consultas. Estaba dirigida a bebés, chicos, adolescentes, adultos y ancianos y se hablaba de los beneficios de por qué hacer natación en todas las edades. Eso no se pudo llevar a cabo, porque cuando llegó el momento de poner el dinero, no todo el mundo estaba dispuesto o no podía hacerlo porque en esos momentos, el sector no estaba atravesando un muy buen momento, pues la gente no entendía de la necesidad de que los chicos supieran nadar u otros no podían hacerlo por la realidad económica de aquel entonces. Mi idea es que en lugar de estar compitiendo por captar a las 300 personas que hacen actividad en una manzana, debemos lograr que en ese espacio haya mil que la hagan. Hay que luchar por ampliar la base. Eso es lo que hicieron en Brasil con campañas masivas, y el porcentaje de gente que hace actividad física en gimnasios es mucho más importante que en Argentina, a pesar de lo que hemos crecido en este último tiempo”.
Patricio Nogueira
Estructura y equipamiento
Olympus cuenta con una entrada doble de unos 100 m2 entre administración, confitería y accesos, un salón de fitness de unos 90 m2, vestuarios con ingreso directo al natatorio con dos piletas, una de 20x10 m (de 0,80 a 2,10 m de profundidad) y otra de 3x6 m (50 cm de profundidad), ambas recubiertas por un globo que calefacciona el ambiente. El salón de musculación tiene 350 m2 y el de indoor unos 50 m2. Además cuenta con oficinas adicionales, sala de masajes y consultorio médico. Djelardini comenta que en equipamiento “lo último que hemos comprado es de Fitness Company, de la línea Uranium. Las cintas y bicicletas, de aeróbica y elípticos son de Kip Machines y la parte indoor es de Uranium. Dentro de lo que es nacional, consideramos que el equipamiento es el mejor que se puede conseguir en el rubro. Tenemos once cintas, diez bicicletas, tres elípticos y un escalador, o sea un nivel de máquinas acorde a las dimensiones de este gimnasio y con las que estamos capacitados para recibir incluso a deportistas de alto rendimiento. El control de ingreso es de Identifycard, que es el mismo que utilizan las grandes cadenas; ellos nos proveen los carnets, los molinetes y el soft del sistema”.
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