Grupos inversores; Los nuevos dueños del fútbol CUANDO LA FIFA PLANTEÓ LA DIVISIÓN ENTRE DERECHOS FEDERATIVOS Y ECONÓMICOS EN LOS PASES DE LOS JUGADORES, LE ABRIÓ EL CAMINO A ESTA NUEVA FIGURA. SON EMPRESARIOS QUE ACERCAN FUTBOLISTAS IMPORTANTES Y PARECEN LOS SALVADORES DE LOS CLUBES, AUNQUE EN REALIDAD NO HACEN MÁS QUE ARMAR SU GRAN NEGOCIO. En enero, como en junio, los planteles del fútbol argentino se renuevan. La figura usada para incorporar es el préstamo: sólo algunas instituciones están en condiciones de adquirir la totalidad de las “mercancías”. Desde hace años pero fundamentalmente en el último, las compras se realizan por lo general mediante un grupo inversor, que en la actualidad encierra el verdadero negocio de este deporte. Así como pocos clubes se toman el tiempo necesario para transferir futbolistas de club a club (la mayoría entrega a sus figuras a edad inmadura al primer capitalista interesado, que luego revenderá al jugador con una cotización mayor), menos son las entidades -Boca, aunque a mediados de la década pasada creó el recordado Fondo de Inversión; Vélez, Estudiantes y quizás ninguna otra en Primera División- con recursos suficientes para comprar el pase de un jugador sin colaboración externa. Los dirigentes ya no se esmeran por reunir capital sino por juntar capitalistas. Lo que sucede es que lo llevan a cabo sin la más adecuada transparencia. “River gasta un dinero que el fútbol no produce. No sé de dónde lo saca, tal vez tenga una máquina de fabricar plata debajo del Monumental”. (Mauricio Macri, presidente de Boca). La frase del ingeniero fue una más en la disputa mediática de los últimos tiempos con José María Aguilar. Pero viene al caso: River invirtió tanto dinero como la mayoría de los clubes de Primera juntos. Entre cinco de los seis futbolistas que incorporó (Marco Ruben, Cristian Villagra, Juan Ojeda, Leonardo Ponzio y Mauro Rosales), gastó alrededor de 15 millones de dólares. En septiembre había obtenido 13 millones de esa moneda por la venta de porcentajes de los pases de Gonzalo Higuaín, Fernando Belluschi y tres juveniles al israelí Pinhas Zahavi. Anteriormente River había anunciado la venta del 30% de varios juveniles y algunos profesionales por sólo 3 millones de dólares. Cuando los medios económicos pusieron atención en el tema, y se supo que Ricardo Hardoy (el representante del grupo inversor) era insolvente, el acuerdo rápidamente se deshizo. Por el 50% de Higuaín, Zahavi abonó 6 millones de dólares. Tres meses después, el Real adquirió la totalidad en 17 millones de la misma moneda, divididos en partes iguales entre River y el empresario, que así ganó 2,5 millones en noventa días. Un negocio redondo; no para el club, claro. “El que invierte en ladrillos sabe que tiene una determinada ganancia asegurada y un riesgo acotado. El que invierte en el fútbol lo hace sabiendo que si bien existe un riesgo, la ganancia puede ser mucho mayor”. (Fernando de Tomaso, presidente de Blanquiceleste). Así como la plata va a la plata, en el fútbol parece que los empresarios confluyen en una empresa. Racing, uno de los dos únicos clubes gerenciados en Primera, lo demuestra. Formada hace seis años fundamentalmente por capitales etíopes, Blanquiceleste congrega inversores externos para sus principales operaciones. Sus directivos no declaran públicamente quiénes formaron el grupo encargado de dos de las incorporaciones (Cristian Pellerano y Nicolás Cabrera), pero se supo que estuvieron cerca de llegar a un acuerdo con Jorge Brito, titular del Banco Macro y hombre de confianza de Néstor Kirchner, y que quienes finalmente aportaron el dinero también son conocidos del Presidente de la Nación, hincha de Racing por cierto; uno de ellos sería Sergio Taselli (titular de Ferrocarril Metropolitano). Esto tiene un costado positivo, como haberse reforzado mucho mejor que en las últimas temporadas; o que por ejemplo, gracias al aporte de un grupo haya vencido a su rival Independiente en la negociación por Pellerano. Pero también esconde un lado negativo, tal lo que ocurrió con Leandro Grimi, el defensor que pasó nada menos que al Milan sin terminar de cumplir su contrato, en una operación silenciosa que realizó el dueño de su pase (Marcelo Simonián) y sorprendió a todos en Blanquiceleste. “Mientras los clubes no modifiquen sus sistemas de ingresos, los grupos de inversión proliferarán. El fútbol argentino no está en condiciones de competir ni siquiera con el paraguayo”. (Sergio Marchi, titular de Futbolistas Argentinos Agremiados). Un hombre de años en la representación de jugadores aportó: “Si antes la gente de plata compraba caballos de carrera, ahora se asocian para adquirir un futbolista”. Es que el fútbol hoy reúne a todo tipo de acaudalados. El técnico Ramón Díaz se juntó con Marcelo Tinelli para que éste aportara dinero para las incorporaciones; luego San Lorenzo consiguió un grupo, aparentemente ligado al conductor televisivo, que comprara el pase de Gastón Fernández y lo acercara. Independiente recibió a préstamo al defensor paraguayo Carlos Báez, adquirido antes por un empresario extranjero. Newell´s, desde que tiene a Eduardo López como presidente, se maneja con empresarios en cantidad. En Central, la jueza del concurso de acreedores desestimó las presentaciones de empresarios que reclamaban porcentajes de jugadores. En prácticamente todos los clubes se suceden casos de empresarios dueños de futbolistas. La omnipresencia de los grupos también se encuentra en las ventas de jugadores. Hace un par de años Blanquiceleste transfirió a Mariano González por 800 mil dólares al grupo Visnar, del cual nunca trascendieron los integrantes; al tiempo, el jugador, que seguía actuando en Racing, fue comprado por el Palermo de Italia en 3 millones de la misma moneda. A fines del año pasado Boca vendió a Sebastián Rusculleda a otros desconocidos en 130 mil dólares, una cifra sorpresiva por lo exigua. Los dirigentes no dan a conocer los nombres de los empresarios, justificándose en que éstos prefieren el anonimato. Pero cuando les venden jugadores a un precio bajo, dejan instalada la sospecha. “Debido al anonimato de los dueños de los derechos económicos de los pases, muchas operaciones no se informan o se hacen con plata negra, por lo que se facilita el lavado de dinero. Queremos saber si este dinero se declara tal cual lo marca la ley”. (Alberto Abad, titular de la AFIP, al diario Clarín). En enero pasado el organismo fiscal anunció un registro, en el que los clubes tendrán que consignar quiénes son los individuos o empresas que intervienen en la compra-venta de futbolistas. Esto no debería ser una novedad: el 22 de noviembre de 2005 el Comité Ejecutivo de la AFA había aprobado la creación del “Régimen de anotación y archivo de cesiones de derechos económicos por transferencias”. Lo rutilante del nombre tuvo poco sentido: dicho archivo no fue reglamentado y quedó simplemente como un anuncio, al igual que otras varias promesas vertidas desde la AFA. Por eso ahora debe actuar la AFIP. Entre las causas de aquel régimen inconcluso, se encontraban “movilizar la incorporación de capitales de inversión privada ajena a los clubes”: no hizo falta, los capitales llegaron sin reglamentación alguna. Uno de los incisos del proyecto marcaba que “el club en el que esté inscripto el jugador deberá mantener como mínimo un 30 por ciento del pase del futbolista”, algo que no ocurre. Y esgrimía, además, “la necesidad de combatir la clandestinidad”. Pasó más de un año, pero hoy los dueños de muchas de las figuras del fútbol argentino siguen ocultos. ARIEL SENOSIAIN
Detectar jugadores juveniles, trabajar sus técnicas en inferiores ordenadas, promoverlos a Primera, ofrecerles continuidad y luego recién venderlos. La ecuación es simple. Así debería ser el camino de las transferencias de los futbolistas, principal sostén económico de los clubes. Sin embargo, debido a la falta de profesionalismo dirigencial, de tan simple se torna en compleja. Entonces las ventas de jugadores se realizan antes de lo aconsejable, ergo con valores bajos. Por otro lado, las incorporaciones se realizan mediante supuestos mecenas, que en realidad llegan sólo para hacer su negocio, el más importante de todos los negocios actuales: ubicar los jugadores que compraron para luego revenderlos. El periodismo trata con liviandad el tema y se han impuesto frases del estilo “un grupo acercaría a tal jugador”, contribuyendo al anonimato y la falta de transparencia. La mitad llena del vaso es que los clubes se refuerzan con futbolistas de jerarquía, de valores imposibles de pagar por una institución sin recursos genuinos suficientes. La mitad vacía recuerda que los empresarios muchas veces deciden el momento del alejamiento del jugador y que el club, más allá de un porcentaje en una futura venta, simplemente le “presta” la camiseta a modo de vidriera. Arma buenos planteles pero se descapitaliza. Así los hinchas se acostumbran a los “jugadores golondrina” y pierden el sentido de pertenencia. El ejemplo más trascendente fue el de Daniel Grinbank en Independiente: compró futbolistas, los prestó al club y el equipo fue campeón, pero después los vendió, a la institución no le quedó ni un peso y esto no hizo más que ayudar a la inexorable caída en la convocatoria de acreedores.
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