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De vocación, dirigentes

El final de las carreras de los futbolistas tiene, desde hace un par de décadas, un nuevo destino: la conducción de los clubes. La tendencia llega, como siempre, desde europa. Y hay varios interesados en llevarla a cabo en estas tierras.

Daniel Passarella justifica su renovado y templado ánimo en su novedosa condición de abuelo y en años de terapia. En ambos factores explica por qué hoy se muestra más tranquilo, abierto al diálogo y con la sonrisa siempre dispuesta. Sin embargo, una persona de su entorno descubre un rasgo inalterable de su personalidad: “Lo que nunca le va a dejar de gustar es que le digan Káiser. Si sueña ser como Franz Beckenbauer”.

El alemán es el titular del Bayern Munich, el club donde fue campeón de todo como futbolista. Y a Passarella le gustaría emularlo, más allá de que recientemente haya contado en el diario Olé que el contrato como técnico que extendió hasta 2009 “me sacó de carrera para presidente, porque no puedo ser empleado de la institución en los dos años anteriores a las elecciones” (que se realizarán en el 2010). En abril de 2005, había declarado al periódico O Estado Sao Paulo: “Mi sueño es alcanzar algo inédito; se trata de llegar a ser jugador, entrenador y presidente del mismo club. No es un objetivo inmediato pero sé que la gente me aceptará”.

El ex marcador central incorporó nociones de conducción en Europa; más precisamente en Italia, donde igualmente los ex futbolistas no llegan a sacarle los puestos jerárquicos a los poderosos empresarios pero sí incursionan en cargos como el de director deportivo. Luego de haber dirigido la selección, Passarella supo rodearse de empresarios, casualmente aquellos con los que se relacionó al grupo inversor que acercó una oferta para adquirir jugadores juveniles. Está claro: más allá de su promesa de retirarse del fútbol en el 2009, no cuesta imaginar al “Gran Capitán” en puestos de gestión.

Quien también se empapó de conceptos extranjeros fue Juan Sebastián Verón. Recién llegado de una larga incursión por el Viejo Continente, está convencido de su futuro: “¿Si me gustaría ser dirigente cuando me retire? No sólo me gustaría, sino que voy a ser presidente de Estudiantes”, aseguró en radio La Red en agosto de este año. “Los clubes argentinos pueden y necesitan ser guiados por un ex jugador. Alguien que conozca el club desde adentro, que conozca las inferiores o que sepa cómo tratar con un representante”, explicó. Teniendo en cuenta la dinastía de su apellido en Estudiantes, aquella posibilidad parece sólo cuestión de tiempo.

La experiencia de Beckenbauer disparó otras análogas. Aunque sin llegar a ser los hombres más importantes de la estructura, el fútbol español ya cuenta con varios ejemplos, entre ellos, claro está, el del argentino Jorge Valdano, quien fuera director deportivo del Real Madrid. En nuestro país, el intento de mayor repercusión mediática fue el de Diego Maradona en Boca, que ejerció labores de manager aunque sin obligaciones contractuales. Pero ya existe un caso similar al de Beckenbauer.

El 2 de julio de este año, Carlos Babington fue electo presidente de Huracán. “Así como después de los 30 años soñaba con ser técnico del club, desde que cumplí 50 quiero ser presidente”, anticipó antes de los comicios. “Soy quemero y de Parque Patricios”, se presentaba, mientras prometía buscar inversores, remodelar la institución y achicar la deuda de 30 millones de pesos. A decir verdad, poco ha cumplido en estos primeros meses de gestión.

Los nombres siguen. Muchos recordarán el intento fallido de Norberto Alonso en River. En el futuro seguramente surgirán otros. Diego Simeone se calzó rápidamente el buzo de entrenador luego de retirarse, pero anteriormente no había descartado seguir su carrera como dirigente. Uno que se perfila es Carlos Navarro Montoya, quien ya avisó que podría sentarse del otro lado del escritorio: “Me encantaría ser presidente de algún club, no sólo para dirigir lo deportivo sino además para brindar un servicio a la comunidad. Los deportistas somos los que más conocemos el deporte y deberíamos ocupar la mayoría de los cargos posibles dentro de la actividad. Eso sí, deberían ser cargos remunerados”.

Quizás sea una clave, la de los directivos asalariados. Podría ser importante, aunque no tanto como que aquellos que oscilan el retiro tengan inquietudes, desafíos y conocimiento. Suficiente como para que, una vez colgados sus botines, quieran y sepan seguir tomando decisiones.

ESTEBAN PESTONI

 


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