CLAUDIO MARANGONI “Si hubieran veinte empresas como la nuestra, Recibido de kinesiólogo, demostró que es posible ser futbolista y estudiar una carrera. Las escuelas de fútbol que fundó le dieron paso a una estructura que hoy agrupa enseñanza de varios deportes, convenios con empresas y una organizadora de eventos. Como si no le alcanzara, será miembro honorario de la cámara argentina de gimnasios. No sobran los ejemplos de ex futbolistas que hayan podido resistirse con éxito a la dirección técnica luego del retiro. Desde Europa sobresale el de Jorge Valdano, capaz no sólo de haber llegado a puestos jerárquicos en Real Madrid sino además de haber montado una empresa dedicada a la capa-citación de líderes. Últimamente varios han tomado el camino del periodismo o, mejor expresado, de los comentarios sobre fútbol. También algunos encontraron en la representación de ju-gadores un camino alternativo: Hugo Isa, Juan Simón, Ricardo Giusti y Leonardo Rodríguez, entre otros, le imprimieron un carácter profesional, sumados muchos que actúan como intermediarios. Están los que aprovechan la exposición pública como entrenadores y brindan charlas sobre equipos de trabajo. Igualmente sólo uno salió netamente de las estructuras. En 1984, Claudio Marangoni fundó una escuela de fútbol que pronto ge-neró sucursales. Hoy, asegura que el número de chicos que aprenden en sus cinco sedes a lo largo del país se cuenta con cinco dígitos. Su objetivo original se ramificó. Enseñanza de varios deportes, la organización de un torneo mundial infantil, la administración de un club entero en San Isidro y una organizadora de eventos representan el trazo grueso de su obra. Los detalles, los explica él mismo. - ¿Cómo fue cambiando el negocio desde que usted ingresó? - No creo que el negocio haya cambiado. En todo caso la sociedad necesita cada vez más que le propongan actividades desde el deporte. Y no hay em-presas que se ocupen en forma global de hacerlo. Sí existen las que realizan algunas acciones en particular, pero ninguna organiza todo lo que organizamos nosotros. En la actualidad tenemos 10 mil alumnos en las escuelas deportivas y 70 mil clientes desde los convenios corporativos. No sólo enseñamos fútbol; también natación, tenis, gimnasia deportiva y danza clásica asociados con Julio Bocca. - ¿Qué pide el mercado hoy? - A los chicos hay que darles el equilibrio entre recreación, que por sí sola no educa, y formación, que sin compañía de diversión aburre. Y también hay que ocuparse de los adultos, cada vez más interesados en el bienestar personal, verse mejor, sentirse activo. En mejorar la ca-lidad de vida. Con el agregado de que las empresas estén preocupados por la calidad de vida de sus empleados. - ¿Qué es lo que viene en el deporte social? - Lo que viene es una masa crítica de gente que comenzará a practicar deporte. Crítica y exigente. En un país deportivo como el nuestro, la proporción de ciudadanos deportistas debe ser mayor. Además la vida útil se extendió. Antes un chico empezaba a hacer actividad física a los 7 años, mientras que ahora lo hace en el jardín de infantes. Así como nadie hubiera imaginado hace años que personas de 70 años correrían maratones. El deporte es una gran herramienta. Es sano, terapéutico, provoca un sentimiento de logro, promueve valores. La actividad física da recompensas. Mucha gente quiere un vuelco y tenemos que estar preparados. Se van a necesitar instalaciones, publicidad, inversión. Parecería que en Capital Federal hay muchos gimnasios, pero si hiciéramos una estadística en función de la cantidad de habitantes, nos daríamos cuenta que faltan cientos. Si hubieran quince o veinte empresas como la nuestra, todos tendríamos trabajo. - ¿Cómo genera nuevos recursos? - De las propias actividades. Todas nuestras áreas son unidades de negocios, con sinergia entre ellas. Debemos buscar excelencia en cada una; en caso contrario la gente no las tomaría. Para conseguir esa excelencia deben dar superávit en forma independiente. - ¿Plantea su trabajo como un entrete-nimiento o en la rutina las diversiones quedan de lado? - No hay tiempo para aburrirse acá. El campo es muy grande. Y la multiplicidad de tareas evita la rutina. De un evento pasamos a un “family day” con una empresa, luego a una charla sobre equipos, o a un torneo de fútbol. Además es imposible aburrirse trabajando en un ámbito como éste, de chicos y gente sana. - ¿Cuánto le ayudó el nombre? Seguramente no hubiera sido lo mismo sin un cierto grado de popularidad en el fútbol. - Seguramente. Cuando abrí la primera escuela nadie enseñaba a jugar al fútbol. Los chicos aprendían de manera hereditaria o espontánea. Como aquello era una utopía, le puse mi nombre como refuerzo apro-vechando que en ese momento jugaba en Independiente. Así nació una marca. - ¿Por qué cree que los futbolistas se vuelcan casi unánimemente a la dirección técnica después de retirarse, sobre todo teniendo en cuenta la presión con la que deben convivir? - En primer lugar, el que logra sobresalir como técnico se encuentra con una profesión muy redituable. Segundo: allí cana-lizan la experiencia que armaron como jugadores. Y tercero, tienen miedo a lo nuevo. Muchas veces nos basamos en la costumbre. Igualmente hay algunos que se forman y encuentran otros caminos. Como Quique Wolff, de quien me consta que estudió para dejar una huella en el perio-dismo. Queda en cada uno. - ¿Qué le falta a la dirigencia deportiva? - Tiempo de maduración. Creo que los dirigentes nunca entendieron el rol del club social, si debe formar parte del Estado, si es un costo. El deporte necesita más de los dirigentes. - ¿Le gustaría volcar tu experiencia con los chicos en un club, por ejemplo en divisiones inferiores? - Nada más lejos de eso se encuentra lo que quiero. Podría diagramar el trabajo pero no me gustaría estar detrás de los detalles, de la función diaria. Sí me agradaría alguna vez dirigir un equipo de Primera División, aunque como hobby. Después de dirigir una empresa como ésta no creo que me cueste dirigir un equipo, lo digo sin menospreciar a la profesión de técnico. Y no estaría tan atento a los resultados. No sé si se lo bancaría el entorno, que vive el fútbol con tanta presión, pero yo no lo haría con dramatismo. No tendría el estrés de la posibilidad de perder el trabajo. Igualmente hablo de algo que difícilmente llegue a darse: estoy fuera del ambiente. Y no busco entrar. Ariel Senosiain
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